Pingües palabras, pingües, pingües...
Pingües y vacías, si las escupen los charlatanes, los políticos, los que intentan llenar con su voz el propio vacío de su alma. Los que no tienen nada que decir, y precisamente por eso son los que más pingües bocas llenas de estiercol poseen.
Pingües y fugaces amores, los de primavera. Pingües risas histriónicas compitiendo entre sí, memento mori, porque no sabemos qué nos traerá el mañana. Y ante el miedo de la incertidumbre, la certeza de la felicidad que se desvanece entre los dedos.
Pingües beneficios los que buscan aquellos que no saben lo que realmente tiene valor. Pingües billeteras pariendo compras estériles, embotadas en un adormecimiento que les consume.
Pingües aquellos que odian sin razón, por una camisa abierta, por un pasado enrejado, por que juzgar siempre es más fácil que ser juzgado. Pingües jueces que son a la vez, verdugo y jurado.
Pingües sueños tienen los que sueñan y no los persiguen. Los que se sientan a esperar que su tren venga, porque andar hasta la estación es demasiado duro, demasiado aburrido, demasiado difícil.
Pingües y tontos humanos, cada uno siguiendo su propia senda sin marcas, sin señales ni rumbo. Y en un mundo de pingües borregos, pingües son los caminos que acaban, pero más pingües son aquellos que nunca llegan al final.
31 de octubre de 2015
25 de septiembre de 2015
Hoy hace 6 años...
Todos tenemos un clic. Un momento en la vida en el que somos plenamente conscientes de que hemos cambiado para siempre. Que nuestra forma de mirar el mundo y vivir es otra, y que nunca volverá a ser la que fue.
El mío más que un clic fue el ruido de un motor que empezó a chirriar, a hacer sonidos raros, a expulsar demasiado humo que no me dejaba ver, hasta que me estrompé contra un muro y el ruido se transformó en un silencio desolador.
Y ahora miro hacia atras con una mezcla de tristeza, melancolía y un profundo cariño a esa persona que era hace 6 años. La que fue la materia prima que se convirtió en lo que soy hoy. Una foto, una palabra, un beso... todos tenemos nuestros clics. Y cuando suenan de fondo, James se convierte en Bond.
____________________________________________________________________
Son las 3 de la mañana y tengo clase a las 8, pero no puedo dormir. Evidentemente no es el primer día que me pasa. Llevo desde el primer día planteandome cada segundo si ha sido una buena idea venir aquí. Por muchas cosas, pero sobre todo por ti. He tenido varias veces ganas de tirar la toalla, de mandarlo todo al carajo. Pero hay una persona que me enseñó que aún en los momentos malos, lo que hay que hacer es apechugar y seguir estudiando. Me enseñó eso y muchas otras cosas.No sabes cuanto me está costando escribir esta carta, porque sé que probablemente será la última. Cada línea es una herida y cada punto una gota de sangre. No quiero hacerte más daño. Si he intentado recuparte estas semanas ha sido porque pensaba que estaba haciendo las cosas bien y que no estabas pasándolo mal. Pero parece que me equivocaba. Sea como sea, yo ya no quiero seguir así tampoco. No puedo estar pensando en tí día y noche, llamarte mil veces cada día, y tener que esperar una semana para oir tu voz.
No puedo llevar más de dos meses esperando a que llegue el día en el que me digas que añoras mis besos, para encontrarme a los 3 días que ya no es así. No puedo seguir albergando la esperanza de que todavía me quieres para que esas esperanzas me hagan todavía más daño. Esto hace tiempo que dejó de ser sano. Supongo que yo tengo la culpa por intentar recuperarte, pero ha llegado un punto en el cual ya no tiene ningún sentido seguir. Por mucho que te quiera, y por mucho que me hayas querido tú o todavía me quieras. No quiero que pienses que ya no quiero saber nada de tí, porque te estarías equivocando totalmente. Sigues siendo la persona más importante del mundo para mí, pero ahora no puedes seguir así.
Tal y como yo lo veo tienes dos opciones: aferrarte a mi o poner una coraza entre tu y yo. De la primera solo te puedo decir lo que creo que ya sabes. Te quiero y quiero estar contigo. Cuando dijiste que quizás vendrías a visitarme antes de empezar el curso, me dió un vuelco el corazón. Daría lo que fuera por tenerte delante, aunque solo fuesen 24 horas. Me pegaría uno y mil días en tren por estar contigo. Por pasear a tu lado, por ver tu sonrisa. Sé que el que yo esté aquí tiene muchas cosas malas, pero creo que alguna también buena.
Sobre la coraza, no sé. Solo sé que si que la gente murmure y te vaya con cuentos te afecta, yo no puedo hacer nada. Me parte el alma pero no puedo hacer nada si ya no confías en mí. Solo en tu mano está el pasar de ellos o conseguir que no te afecten. Esperaba que eso acabase algún día, pero parece que no es posible. Así que aquí hemos llegado.
Si todavía me quieres como creo que me quieres, París te espera y yo el primero en la estación, porque en cuanto bajaras del tren te iba a comer a besos. Ten valor, deja de lado el pasado, deja de lado esa ciudad y sé feliz en mis brazos. Si no es así, o no puedes hacerlo, desapareceré. Pero yo no voy a seguir viviendo con la angustia de escuchar el telefono una y otra vez y no saber que pasa al otro lado. Ya no más. No porque sufra, sino porque ya no se si es lo correcto. Ya no se si es lo mejor para tí. Y eso me mata. Ya no se si puedo prometerte un futuro en el que seas feliz. Solo tú puedes saberlo, y solo tú puedes decidir. Pero si ya no hay un mañana y esto es todo lo que nos queda, me gustaría que supieras que lo siento, y que te he querido como nunca he querido a nadie y como creo que nunca lo voy a volver a hacer.
Y seguiré esperando un mañana, pero se acabarón las flores, se acabarón los bombones, las postales, las cartas. Te seguiría regalando cosas y sorprendiendo si por mi fuera, pero no puedo hacerlo. Porque no quiero que nos engañemos, tal y como estamos ahora solo van a hacernos daño. El día en el que dejen por fin de hacerte daño los chismes y demás, volveré a tu lado, de una u otra forma. Como amigo o como pareja. Pero hoy solo me queda despedirme. Adiós mi vida, cuidate mucho.
El mío más que un clic fue el ruido de un motor que empezó a chirriar, a hacer sonidos raros, a expulsar demasiado humo que no me dejaba ver, hasta que me estrompé contra un muro y el ruido se transformó en un silencio desolador.
Y ahora miro hacia atras con una mezcla de tristeza, melancolía y un profundo cariño a esa persona que era hace 6 años. La que fue la materia prima que se convirtió en lo que soy hoy. Una foto, una palabra, un beso... todos tenemos nuestros clics. Y cuando suenan de fondo, James se convierte en Bond.
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Son las 3 de la mañana y tengo clase a las 8, pero no puedo dormir. Evidentemente no es el primer día que me pasa. Llevo desde el primer día planteandome cada segundo si ha sido una buena idea venir aquí. Por muchas cosas, pero sobre todo por ti. He tenido varias veces ganas de tirar la toalla, de mandarlo todo al carajo. Pero hay una persona que me enseñó que aún en los momentos malos, lo que hay que hacer es apechugar y seguir estudiando. Me enseñó eso y muchas otras cosas.No sabes cuanto me está costando escribir esta carta, porque sé que probablemente será la última. Cada línea es una herida y cada punto una gota de sangre. No quiero hacerte más daño. Si he intentado recuparte estas semanas ha sido porque pensaba que estaba haciendo las cosas bien y que no estabas pasándolo mal. Pero parece que me equivocaba. Sea como sea, yo ya no quiero seguir así tampoco. No puedo estar pensando en tí día y noche, llamarte mil veces cada día, y tener que esperar una semana para oir tu voz.
No puedo llevar más de dos meses esperando a que llegue el día en el que me digas que añoras mis besos, para encontrarme a los 3 días que ya no es así. No puedo seguir albergando la esperanza de que todavía me quieres para que esas esperanzas me hagan todavía más daño. Esto hace tiempo que dejó de ser sano. Supongo que yo tengo la culpa por intentar recuperarte, pero ha llegado un punto en el cual ya no tiene ningún sentido seguir. Por mucho que te quiera, y por mucho que me hayas querido tú o todavía me quieras. No quiero que pienses que ya no quiero saber nada de tí, porque te estarías equivocando totalmente. Sigues siendo la persona más importante del mundo para mí, pero ahora no puedes seguir así.
Tal y como yo lo veo tienes dos opciones: aferrarte a mi o poner una coraza entre tu y yo. De la primera solo te puedo decir lo que creo que ya sabes. Te quiero y quiero estar contigo. Cuando dijiste que quizás vendrías a visitarme antes de empezar el curso, me dió un vuelco el corazón. Daría lo que fuera por tenerte delante, aunque solo fuesen 24 horas. Me pegaría uno y mil días en tren por estar contigo. Por pasear a tu lado, por ver tu sonrisa. Sé que el que yo esté aquí tiene muchas cosas malas, pero creo que alguna también buena.
Sobre la coraza, no sé. Solo sé que si que la gente murmure y te vaya con cuentos te afecta, yo no puedo hacer nada. Me parte el alma pero no puedo hacer nada si ya no confías en mí. Solo en tu mano está el pasar de ellos o conseguir que no te afecten. Esperaba que eso acabase algún día, pero parece que no es posible. Así que aquí hemos llegado.
Si todavía me quieres como creo que me quieres, París te espera y yo el primero en la estación, porque en cuanto bajaras del tren te iba a comer a besos. Ten valor, deja de lado el pasado, deja de lado esa ciudad y sé feliz en mis brazos. Si no es así, o no puedes hacerlo, desapareceré. Pero yo no voy a seguir viviendo con la angustia de escuchar el telefono una y otra vez y no saber que pasa al otro lado. Ya no más. No porque sufra, sino porque ya no se si es lo correcto. Ya no se si es lo mejor para tí. Y eso me mata. Ya no se si puedo prometerte un futuro en el que seas feliz. Solo tú puedes saberlo, y solo tú puedes decidir. Pero si ya no hay un mañana y esto es todo lo que nos queda, me gustaría que supieras que lo siento, y que te he querido como nunca he querido a nadie y como creo que nunca lo voy a volver a hacer.
Y seguiré esperando un mañana, pero se acabarón las flores, se acabarón los bombones, las postales, las cartas. Te seguiría regalando cosas y sorprendiendo si por mi fuera, pero no puedo hacerlo. Porque no quiero que nos engañemos, tal y como estamos ahora solo van a hacernos daño. El día en el que dejen por fin de hacerte daño los chismes y demás, volveré a tu lado, de una u otra forma. Como amigo o como pareja. Pero hoy solo me queda despedirme. Adiós mi vida, cuidate mucho.
29 de julio de 2015
Astros celestes
Son hermanas, aunque no compartan padres. Porque aunque ellas también lo crean, como tantos otros, la sangre no hace a los hermanos de sangre. Porque comparten un mismo pasado sin haberse conocido.
Ambas encontraron el amor pronto, demasiado pronto, y lo perdieron en un mar de adolescencia, dudas y hormonas. Pero ambas supieron volver a puerto a través de la tempestad y regresar a Ítaca a por su Ulises. Son hijas de otro tiempo. Tiempos antiguos. Tiempos mejores. Cuando el honor significaba algo y la integridad era algo más que una casilla a marcar en el linkedin.
Las unió un sitio tétrico gobernado por un cínico cansado de la vida que sólo a veces se quitaba la máscara y les recordaba que había un mundo mejor, más allá de noches llenas de alcohol, de música ensordecedora y de una más que cuestionable compañía.
Son el Yin y el Yang. Irene es la luz del sol, que brilla con un destello cegador sobre un lienzo puro, lleno de vida. Es la historia de un pueblo en llamas, en el que no le quedó otra que coger un palo en el suelo y pelear por defenderse y sobrevivir, igual que todos los que le rodeaban. Pero acabó triunfando en un páramo desierto y floreció esplendorosa reverberando savia nueva. Es imposible no contagiarse de su espíritu cuando esta cerca. Es la flecha que dejó de mirar atrás y sólo entiende de seguir adelante.
Marta es melancolía: la luz de la luna sobre una sábana de oscuridad salpicada de estrellas. Es el cuento de los mil y un sueños. Quien sabe, quizás en un principio también fue una enorme esfera brillante, pero fue dejando un poquito de esa luz en cada decisión que tomaba. En cada "y si". Y cada vez que vuelve la cabeza, y ve la estela de posibles que nunca fueron, los alimenta un poquito más y brillan con más fuerza. Por eso es tan hermosa, porque no se entiende la noche sin luna, pero tampoco sin estrellas.
Pero como el Taijitu, cada una tiene un poco de su opuesto. Y cuando Irene flaquea, y se convierte en Marta, Marta se transforma y se convierte en Irene. Y juntas siguen complementándose.
Ambas encontraron el amor pronto, demasiado pronto, y lo perdieron en un mar de adolescencia, dudas y hormonas. Pero ambas supieron volver a puerto a través de la tempestad y regresar a Ítaca a por su Ulises. Son hijas de otro tiempo. Tiempos antiguos. Tiempos mejores. Cuando el honor significaba algo y la integridad era algo más que una casilla a marcar en el linkedin.
Las unió un sitio tétrico gobernado por un cínico cansado de la vida que sólo a veces se quitaba la máscara y les recordaba que había un mundo mejor, más allá de noches llenas de alcohol, de música ensordecedora y de una más que cuestionable compañía.
Son el Yin y el Yang. Irene es la luz del sol, que brilla con un destello cegador sobre un lienzo puro, lleno de vida. Es la historia de un pueblo en llamas, en el que no le quedó otra que coger un palo en el suelo y pelear por defenderse y sobrevivir, igual que todos los que le rodeaban. Pero acabó triunfando en un páramo desierto y floreció esplendorosa reverberando savia nueva. Es imposible no contagiarse de su espíritu cuando esta cerca. Es la flecha que dejó de mirar atrás y sólo entiende de seguir adelante.
Marta es melancolía: la luz de la luna sobre una sábana de oscuridad salpicada de estrellas. Es el cuento de los mil y un sueños. Quien sabe, quizás en un principio también fue una enorme esfera brillante, pero fue dejando un poquito de esa luz en cada decisión que tomaba. En cada "y si". Y cada vez que vuelve la cabeza, y ve la estela de posibles que nunca fueron, los alimenta un poquito más y brillan con más fuerza. Por eso es tan hermosa, porque no se entiende la noche sin luna, pero tampoco sin estrellas.
Pero como el Taijitu, cada una tiene un poco de su opuesto. Y cuando Irene flaquea, y se convierte en Marta, Marta se transforma y se convierte en Irene. Y juntas siguen complementándose.
27 de julio de 2015
Buscar y rebuscar
Preparando las cosas para la mudanza, y después de pelearme 2 horas antes de decidir que la vieja impresora que estaba en el sótano iba a estar mejor en la basura, he encontrado una imagen en papel que me cautivó desde el momento en el que la vi. Como tan solo pueden hacerlo los fenómenos naturales: un atardecer en una playa, las vistas desde la cumbre de una cordillera nevada, la mirada fugaz de una mujer inteligente...
Es una imagen que me acompañó en un momento de cambio y por eso le tengo cariño. Por eso y porque me fascina. Es una fotografía de una actriz, en blanco y negro. He buscado más fotografías de ella, pero esta foto tiene algo ... especial. Tanto que cuesta incluso reconocerla. El fotógrafo también supo verlo y por eso capturó este instante y no otro.
Ella tiene la mirada viva, de las que te atraviesan si osas mirarla. Esa sabiduría heredada a través de los genes y la historia. Desde Helena de Troya hasta Sofía Loren, pasando por Penélope, Cleopatra y tantas otras. Y la sonrisa. Esa sonrisa lobuna que dice todo y más. Esos labios que saben tanto de la vida como de la muerte. Ese semblante indescifrable que lo mismo precede a un mordisco de labio capaz de enajenar al más férreo espíritu, que a un gesto de desprecio sin parangón.
Es tal el impacto que me causó, que hoy al volver a verla después de 4 años he sido capaz de recordar el nombre de la actriz. No es especialmente famosa, ni ella ni la foto. La he buscado en google y no estaba. Eso la hace todavía un poco más única, más mía. Y he recordado que en su día le escribí - cómo no hacerlo - y he sonreído releyéndome mientras ella me contemplaba de la misma manera que lo hizo cuando escribí aquellas líneas. Como un recuerdo atemporal. Como la vida misma.
Ahora por fin te he puesto rostro, y adornas la pared de mi cuarto. Eres una actriz con nombre anónimo, pero me sirves para recordar lo que busco y no hallo. Eres sin serlo, pero no siendo eres. Te echo de menos cada día. Inútil trato de ocultarte entre rutinas idiotas y olvidarte en el ahogo de urgencias inventadas. E imagino que apareces. Y me das forma. Porque sin ti soy humo, agua, fuegos artificiales que se desvanecen tras apenas un suspiro. Explosiones que ocultan el eco de un vacío.
Necesito tu esencia, tu aliento para respirar y despertar un corazón adormecido, apagado. Te necesito sin conocerte, necesito ese impulso eléctrico recorriendo mi cuerpo como la savia recorre el tronco de un árbol viejo, haciéndolo renacer. Necesito las palabras que gritan tus ojos, las que insinúa tu sonrisa pero tu boca calla; de la caricia despreocupada de unos dedos que navegan perdidos en el mar de mi piel; de la música de tu risa y del calor de tus entrañas. Te necesito para aprender a llenarme el alma.
Es una imagen que me acompañó en un momento de cambio y por eso le tengo cariño. Por eso y porque me fascina. Es una fotografía de una actriz, en blanco y negro. He buscado más fotografías de ella, pero esta foto tiene algo ... especial. Tanto que cuesta incluso reconocerla. El fotógrafo también supo verlo y por eso capturó este instante y no otro.
Ella tiene la mirada viva, de las que te atraviesan si osas mirarla. Esa sabiduría heredada a través de los genes y la historia. Desde Helena de Troya hasta Sofía Loren, pasando por Penélope, Cleopatra y tantas otras. Y la sonrisa. Esa sonrisa lobuna que dice todo y más. Esos labios que saben tanto de la vida como de la muerte. Ese semblante indescifrable que lo mismo precede a un mordisco de labio capaz de enajenar al más férreo espíritu, que a un gesto de desprecio sin parangón.
Es tal el impacto que me causó, que hoy al volver a verla después de 4 años he sido capaz de recordar el nombre de la actriz. No es especialmente famosa, ni ella ni la foto. La he buscado en google y no estaba. Eso la hace todavía un poco más única, más mía. Y he recordado que en su día le escribí - cómo no hacerlo - y he sonreído releyéndome mientras ella me contemplaba de la misma manera que lo hizo cuando escribí aquellas líneas. Como un recuerdo atemporal. Como la vida misma.
Ahora por fin te he puesto rostro, y adornas la pared de mi cuarto. Eres una actriz con nombre anónimo, pero me sirves para recordar lo que busco y no hallo. Eres sin serlo, pero no siendo eres. Te echo de menos cada día. Inútil trato de ocultarte entre rutinas idiotas y olvidarte en el ahogo de urgencias inventadas. E imagino que apareces. Y me das forma. Porque sin ti soy humo, agua, fuegos artificiales que se desvanecen tras apenas un suspiro. Explosiones que ocultan el eco de un vacío.
Necesito tu esencia, tu aliento para respirar y despertar un corazón adormecido, apagado. Te necesito sin conocerte, necesito ese impulso eléctrico recorriendo mi cuerpo como la savia recorre el tronco de un árbol viejo, haciéndolo renacer. Necesito las palabras que gritan tus ojos, las que insinúa tu sonrisa pero tu boca calla; de la caricia despreocupada de unos dedos que navegan perdidos en el mar de mi piel; de la música de tu risa y del calor de tus entrañas. Te necesito para aprender a llenarme el alma.
7 de abril de 2015
De caminos y km recorridos
Giro la llave y el sonido familiar del motor me devuelve al mundo.
La música me envuelve entre las ventanillas de mi pequeño refugio.
Las colinas, los paisajes, voy dejando atrás los parajes
por los que atravieso pensando en mi lejano mundo paralelo.
Miro al asiento de atrás, Sancho hace días que se fue por tabaco,
y el vacío del copiloto me recuerda que Dulcinea se fue con otra.
Dulcinea era lesbiana? Qué cosas! nunca deja de sorprenderme
este mundo cruel que adormece poco a poco mis ganas de vivir.
Molinos de fuego rojo y ámbar detienen mi marcha a veces,
otras tengo que parar para dar de beber a mi caballo,
14 maravedíes por un litro de agua? truhán! eso es un robo,
mas el vil bellaco algarrobo siempre me consigue timar.
Sigo mi marcha, con paso tranquilo y mirada distante,
que el presente hace tiempo que me dejó de interesar.
Tan sólo un futuro incierto consigue en mí despertar
las ansias de continuar con este pesado viaje.
Caballero andante, que el caballo no sé dónde lo dejé.
Quizás junto a la cordura que alguien dijo que tuve una vez.
La música me envuelve entre las ventanillas de mi pequeño refugio.
Las colinas, los paisajes, voy dejando atrás los parajes
por los que atravieso pensando en mi lejano mundo paralelo.
Miro al asiento de atrás, Sancho hace días que se fue por tabaco,
y el vacío del copiloto me recuerda que Dulcinea se fue con otra.
Dulcinea era lesbiana? Qué cosas! nunca deja de sorprenderme
este mundo cruel que adormece poco a poco mis ganas de vivir.
Molinos de fuego rojo y ámbar detienen mi marcha a veces,
otras tengo que parar para dar de beber a mi caballo,
14 maravedíes por un litro de agua? truhán! eso es un robo,
mas el vil bellaco algarrobo siempre me consigue timar.
Sigo mi marcha, con paso tranquilo y mirada distante,
que el presente hace tiempo que me dejó de interesar.
Tan sólo un futuro incierto consigue en mí despertar
las ansias de continuar con este pesado viaje.
Caballero andante, que el caballo no sé dónde lo dejé.
Quizás junto a la cordura que alguien dijo que tuve una vez.
27 de febrero de 2015
De historias robadas
Esta es prestada, pero la he encontrado guardada rebuscando entre textos antiguos. Y creo que ha pasado el tiempo suficiente para subirla.
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Ella estaba sentada frente a mí, sujetando entre sus manos una taza de té humeante que le empañaba los inmensos cristales de las gafas. Con su rostro infantil que siempre me hacía pensar que era una niña, aunque supiera que hacía mucho tiempo que ella había cambiado. Sólo las mangas subidas hasta la mitad de la palma le permitían asir la taza incandescente sin emplear el asa, que apuntaba hacia mí. El vapor hacía que las gafas se le deslizaran por su nariz a lo que inmeditamente le sucedía uno de sus tics favoritos: inclinaba la cabeza hacia delante, como para ocultar el rostro, y su índice derecho acariciaba la nariz desde la punta hasta recolocar el puente de las gafas en su sitio. Siempre me pareció que lo acompañana de un sonrisa furtiva, pero nunca pude comprobarlo. A continuación recogió un mechón rebelde de pelo rojizo que huía de su gorro gris de lana, y siguió hablándome:
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Ella estaba sentada frente a mí, sujetando entre sus manos una taza de té humeante que le empañaba los inmensos cristales de las gafas. Con su rostro infantil que siempre me hacía pensar que era una niña, aunque supiera que hacía mucho tiempo que ella había cambiado. Sólo las mangas subidas hasta la mitad de la palma le permitían asir la taza incandescente sin emplear el asa, que apuntaba hacia mí. El vapor hacía que las gafas se le deslizaran por su nariz a lo que inmeditamente le sucedía uno de sus tics favoritos: inclinaba la cabeza hacia delante, como para ocultar el rostro, y su índice derecho acariciaba la nariz desde la punta hasta recolocar el puente de las gafas en su sitio. Siempre me pareció que lo acompañana de un sonrisa furtiva, pero nunca pude comprobarlo. A continuación recogió un mechón rebelde de pelo rojizo que huía de su gorro gris de lana, y siguió hablándome:
Lo que me ha sorprendido es mirarme y encontrarme cicatrices, eso significa que has salido del cascarón y me gusta. El saber que a pesar de haber recibido golpes, he seguido aferrandome a mi decisión.
Me he dado cuenta que lo más importante es curarlas poco a poco, que precisamente en eso consiste vivir, en cicatrizar: si nunca has tenido una herida profunda es que no vives con la suficiente intensidad.
O vibración, llámale como quieras. No se por qué, pero en mi cerebro revolucionado, a ratos confuso, tras meses de convivir con la ansiedad, aprendí que hay que quererse a uno mismo para dar el primer paso hacia la felicidad.Y entonces volví a mirarla a los ojos, y observé como el último atisbo de inocencia pueril de sus ojos brillantes se desvanecía.
Gracias a eso, a pesar de que suena egoísta y antes me habría sentido culpable, ahora lo veo todo mucho más claro. Increíblemente cerca, al alcance de mi mano.
Renunciar a compararte, aceptarte en cada momento presente, queriendote incondicionalmente y tratando de estar en calma.
Lograrás, a través de ese amor propio, que todo lo demás fluya: los besos de verdad, los abrazos de verdad, los buenos ratos...
...si no, estás perdido.
30 de enero de 2015
De políticos y políticas
Intentaré ser breve en la medida de lo posible, porque el tema da para mucho.
Debatía el otro día con unos compañeros exiliados en Alemania, sobre las dificultades de votar desde el extranjero. Dejando a un lado los debates sobre:
A) Si deberían votar en España o no personas que estan viviendo, trabajando, cobrando y cotizando en el extranjero (si no son ciudadanos de pleno derecho en Alemania, en algún lado tendrán que poder ejercer el cacho que les falte).
B) Las dificultades del proceso logístico del voto por correo en el extranjero, las trabas administrativas inherentes al proceso (y las no tan inherentes debido a intereses externos) y el eterno compromiso coste/derecho por cada ciudadano.
Me gustaría comentar que la conversación cambió de rumbo cuando alguien dijo que no iba a votar. Así de claro. No por las molestias, trámites, el tener que pedir vacaciones etc. Dijo que no iba a votar porque no creía en el sistema, ningún representante político le gustaba, etc.
No es la primera vez que oigo este discurso. Me pitan los oídos cada vez que oigo que alguien dice que el sistema está corrupto. De corrupción ya he hablado alguna vez, pero basta decir que considero que cada sociedad tiene los políticos que se merece. Aquello de que "los políticos son el espejo de la sociedad". Manido lugar común que no por ello es menos cierto.
Los políticos apestan. Pero me parece infantil a estas alturas mirarse en el espejo y no reconocerse. Quejarnos de los iconos que nos "impone" telecinco, Belén Esteban ganando 7.000€ diarios por estar en una casa. Y no admitir que esa señora se los gana cada vez que alguien habla de ella, hace un chiste, escribe un tweet o la cita en un blog. Es inmaduro no devolver la mirada a la persona que vemos en ese espejo, y admitir que nos damos, digo bien, nos DAMOS asco.
Y ese es el primer paso. Si te ves gordo, vete al gimnasio. Pero para dar ese primer paso hay que quitarse la venda de los ojos.
El sistema es corrupto! La democracia no funciona! Oiga usted, el sistema está corrompido por el usuario, que de fábrica funciona perfectamente.
Me ha entrado un virus en el ordenador!!! Seguro que no ha tenido nada que ver el que hayas instalado 359 programas dandole que "sí" a todo sin pararte a leer, sin investigar un poco, sin prestar atención.
Es que no hay ningun partido que represente mis ideas!! Te has parado un segundo a definir cuales son tus ideas? Las que si mañana mismo te dieran el poder de dirigirte a 40 millones de personas, las defenderías a capa y espada?
Es muy fácil quejarse de algo y no hacer nada para cambiar las cosas. Escribir un blog no solucionará el mundo, pero creo que intentar hacer que la gente reflexione durante un par de minutos merece la pena.
Nadie dijo que fuera bonito, ni fácil. La democracia es preciosa cuando se cuida cada día y se lucha por ella. Pero no esperes llegar a tu jardín después de 3 meses de vacaciones y encontrartelo verde y florido. Estará lleno de matojos y de malas hierbas. Ya lo decia Burke: All that is necessary for the triumph of evil is that good men do nothing.
Siempre he pensado que la gente que no vota lo hace para tener una red de seguridad a la que aferrarse. Si el que gobierna lo hace bien, ellos encantados. Si lo hace mal, siempre podrán decir "yo no le voté". El comprometerte con algo, aunque no estés al 100% de acuerdo es lo que cuesta. Decía la madre de un amigo: conseguir cosas en la vida es fácil. Saber lo que realmente quieres es lo difícil.
Por eso siempre he pensado que no votar es de cobardes.
Debatía el otro día con unos compañeros exiliados en Alemania, sobre las dificultades de votar desde el extranjero. Dejando a un lado los debates sobre:
A) Si deberían votar en España o no personas que estan viviendo, trabajando, cobrando y cotizando en el extranjero (si no son ciudadanos de pleno derecho en Alemania, en algún lado tendrán que poder ejercer el cacho que les falte).
B) Las dificultades del proceso logístico del voto por correo en el extranjero, las trabas administrativas inherentes al proceso (y las no tan inherentes debido a intereses externos) y el eterno compromiso coste/derecho por cada ciudadano.
Me gustaría comentar que la conversación cambió de rumbo cuando alguien dijo que no iba a votar. Así de claro. No por las molestias, trámites, el tener que pedir vacaciones etc. Dijo que no iba a votar porque no creía en el sistema, ningún representante político le gustaba, etc.
No es la primera vez que oigo este discurso. Me pitan los oídos cada vez que oigo que alguien dice que el sistema está corrupto. De corrupción ya he hablado alguna vez, pero basta decir que considero que cada sociedad tiene los políticos que se merece. Aquello de que "los políticos son el espejo de la sociedad". Manido lugar común que no por ello es menos cierto.
Los políticos apestan. Pero me parece infantil a estas alturas mirarse en el espejo y no reconocerse. Quejarnos de los iconos que nos "impone" telecinco, Belén Esteban ganando 7.000€ diarios por estar en una casa. Y no admitir que esa señora se los gana cada vez que alguien habla de ella, hace un chiste, escribe un tweet o la cita en un blog. Es inmaduro no devolver la mirada a la persona que vemos en ese espejo, y admitir que nos damos, digo bien, nos DAMOS asco.
Y ese es el primer paso. Si te ves gordo, vete al gimnasio. Pero para dar ese primer paso hay que quitarse la venda de los ojos.
El sistema es corrupto! La democracia no funciona! Oiga usted, el sistema está corrompido por el usuario, que de fábrica funciona perfectamente.
Me ha entrado un virus en el ordenador!!! Seguro que no ha tenido nada que ver el que hayas instalado 359 programas dandole que "sí" a todo sin pararte a leer, sin investigar un poco, sin prestar atención.
Es que no hay ningun partido que represente mis ideas!! Te has parado un segundo a definir cuales son tus ideas? Las que si mañana mismo te dieran el poder de dirigirte a 40 millones de personas, las defenderías a capa y espada?
Es muy fácil quejarse de algo y no hacer nada para cambiar las cosas. Escribir un blog no solucionará el mundo, pero creo que intentar hacer que la gente reflexione durante un par de minutos merece la pena.
Nadie dijo que fuera bonito, ni fácil. La democracia es preciosa cuando se cuida cada día y se lucha por ella. Pero no esperes llegar a tu jardín después de 3 meses de vacaciones y encontrartelo verde y florido. Estará lleno de matojos y de malas hierbas. Ya lo decia Burke: All that is necessary for the triumph of evil is that good men do nothing.
Siempre he pensado que la gente que no vota lo hace para tener una red de seguridad a la que aferrarse. Si el que gobierna lo hace bien, ellos encantados. Si lo hace mal, siempre podrán decir "yo no le voté". El comprometerte con algo, aunque no estés al 100% de acuerdo es lo que cuesta. Decía la madre de un amigo: conseguir cosas en la vida es fácil. Saber lo que realmente quieres es lo difícil.
Por eso siempre he pensado que no votar es de cobardes.
9 de octubre de 2014
Et voilá
Hace tiempo que no escribía, pero me habéis calentado, me habéis calentado... y 38ºC de fiebre.
Vayamos por partes. El mundo es una mierda. Y punto. Dos flores silvestres en una montaña de estiércol no es el paraíso. No nos engañemos. Perravida, que suelo decir yo.
Dicho esto, evidentemente tenemos dos opciones: o saltar de un puente (o similar), o asumirlo. Cada cual lidia con lo suyo a su manera y con sus cadaunadas. En el mundo mueren y son torturadas miles de personas a diario, y nosotros somos unos putos privilegiados nos pongamos como nos pongamos. Y ante esa certeza no queda sino elevar el umbral de indigación, porque si no no podríamos ni tan siquiera a la calle con el más mínimo atisbo de dignidad.Así que asumimos ciertos axiomas que si bien son imprecisos, cuando menos, nos dejan seguir adelante.
Que nos gobierne un partido corrupto declarado es de traca, pero hemos llegado a un punto en el que aunque lo permitimos (telita), al menos nos indigna. Y nos saca de nuestras casillas con mayor o menor frecuencia. Esto último ligado por lo general al cociente intelectual, aunque todavía no haya estudios que lo confirmen.
Tenemos pues un gobierno que es el hazmerreír de Europa, al igual que lo somos los españoles. Independientemente de cuantos mundiales, roland garros o lo que sea que ganemos. Y aun así henchimos el pecho desbordando orgullo. Esa cosa que nunca sirvió para nada salvo algún que otro relato épico.
Y una vez más, oh sorpresa, la vuelve a cagar. Y la caga de una manera alarmante porque no sólo todos los que sabían algo del tema (no incluyo en este grupo a nuestra amada ministra) advertían que España carecía de instalaciones suficientes para hacerle frente al bichejo en cuestión, sino que recalcaban que faltaban recursos.
Y aquí está la clave, una vez más. Que al igual que en el Yak-42, el Metro de Valencia, Prestige, suma y sigue, no es sólo un error humano. Es la suma de un error humano y una deficiencia en el protocolo. Y una vez más, nadie alcanza a entender las razones detrás del asunto: incompentencia, psicopatía, o simplemente imbecilidad.
Le escribía un médico español en Sierra Leona a la ministra, contandole que allí la gente entrena y se prepara durante 2 semanas antes de atender a los pacientes. Y aquí los cursillos eran de 30 minutos.
Hubo un error humano? Se tocó la frente? Sinceramente, ni lo sé ni me importa. Lo único que tengo claro es que esa señora se jugó la vida por atender a un paciente, y que no tenía ni los medios adecuados, ni muchísimo menos la formación necesaria para actuar en condiciones.
Que todos nos escandalizamos cuando el consejero nos dice que la muy cenutria se tocó la cara, la muy insensata y perroflauta. Seguro que lo ha hecho para hundir al gobierno, y que ve al coletas en la sexta. Pero ninguno nos ponemos en la situación de acojono puro y duro que tiene que dar atender a un paciente de una enfermedad mortal, con un traje que no está preparado y con el que se suda porque no tiene ventilación autónoma (como, oh sorpresa de nuevo, debería tener un traje de nivel IV).
Luego leemos con asombro, que más del 90% de los trabajadores de salud infectados por ébola (que son muchísimos), se infectaron por no seguir los protocolos adecuados o por no llevar el traje adecuado. (link a la carta del médico)
Como reza el sabio refranero español: "Manolete, Manolete... si no sabes torear, pa' qué te metes..."
PD: del perro ya si eso hablamos otro día
Vayamos por partes. El mundo es una mierda. Y punto. Dos flores silvestres en una montaña de estiércol no es el paraíso. No nos engañemos. Perravida, que suelo decir yo.
Dicho esto, evidentemente tenemos dos opciones: o saltar de un puente (o similar), o asumirlo. Cada cual lidia con lo suyo a su manera y con sus cadaunadas. En el mundo mueren y son torturadas miles de personas a diario, y nosotros somos unos putos privilegiados nos pongamos como nos pongamos. Y ante esa certeza no queda sino elevar el umbral de indigación, porque si no no podríamos ni tan siquiera a la calle con el más mínimo atisbo de dignidad.Así que asumimos ciertos axiomas que si bien son imprecisos, cuando menos, nos dejan seguir adelante.
Que nos gobierne un partido corrupto declarado es de traca, pero hemos llegado a un punto en el que aunque lo permitimos (telita), al menos nos indigna. Y nos saca de nuestras casillas con mayor o menor frecuencia. Esto último ligado por lo general al cociente intelectual, aunque todavía no haya estudios que lo confirmen.
Tenemos pues un gobierno que es el hazmerreír de Europa, al igual que lo somos los españoles. Independientemente de cuantos mundiales, roland garros o lo que sea que ganemos. Y aun así henchimos el pecho desbordando orgullo. Esa cosa que nunca sirvió para nada salvo algún que otro relato épico.
Y una vez más, oh sorpresa, la vuelve a cagar. Y la caga de una manera alarmante porque no sólo todos los que sabían algo del tema (no incluyo en este grupo a nuestra amada ministra) advertían que España carecía de instalaciones suficientes para hacerle frente al bichejo en cuestión, sino que recalcaban que faltaban recursos.
Y aquí está la clave, una vez más. Que al igual que en el Yak-42, el Metro de Valencia, Prestige, suma y sigue, no es sólo un error humano. Es la suma de un error humano y una deficiencia en el protocolo. Y una vez más, nadie alcanza a entender las razones detrás del asunto: incompentencia, psicopatía, o simplemente imbecilidad.
Le escribía un médico español en Sierra Leona a la ministra, contandole que allí la gente entrena y se prepara durante 2 semanas antes de atender a los pacientes. Y aquí los cursillos eran de 30 minutos.
Hubo un error humano? Se tocó la frente? Sinceramente, ni lo sé ni me importa. Lo único que tengo claro es que esa señora se jugó la vida por atender a un paciente, y que no tenía ni los medios adecuados, ni muchísimo menos la formación necesaria para actuar en condiciones.
Que todos nos escandalizamos cuando el consejero nos dice que la muy cenutria se tocó la cara, la muy insensata y perroflauta. Seguro que lo ha hecho para hundir al gobierno, y que ve al coletas en la sexta. Pero ninguno nos ponemos en la situación de acojono puro y duro que tiene que dar atender a un paciente de una enfermedad mortal, con un traje que no está preparado y con el que se suda porque no tiene ventilación autónoma (como, oh sorpresa de nuevo, debería tener un traje de nivel IV).
Luego leemos con asombro, que más del 90% de los trabajadores de salud infectados por ébola (que son muchísimos), se infectaron por no seguir los protocolos adecuados o por no llevar el traje adecuado. (link a la carta del médico)
Como reza el sabio refranero español: "Manolete, Manolete... si no sabes torear, pa' qué te metes..."
PD: del perro ya si eso hablamos otro día
30 de mayo de 2014
Canción de fuego
Su melena dorada ondea caprichosa al viento, como en una danza infantil al ritmo de una música que sólo oye ella. La melodía de fondo le es tan familiar como respirar, y aunque en otros tiempos habría bailado como una chiquilla, ahora su porte es regio. Su recuerdo ya no le trae felicidad, sólo nostalgia.
Una voz le hace salir de su ensueño, y Danaerys se gira para ver quién la llama. Últimamente se abstrae con demasiada frecuencia. Ella lo sabe, pero no puede hacer nada por evitarlo. Es demasiado difícil permanecer en la dura realidad.
A diario sueña con su castillo, que dejó atras en su tierra natal. Las altas torres que de niña le daban miedo, ahora no cesan de aparecer en su cabeza, como si pidieran su regreso de manera silenciosa. Ella sabe que debe volver para reclamar lo que es suyo, lo que por legítimo derecho le corresponde. Pero todavía no es el momento.
Mil veces ha deseado a lo largo de esta travesía por el Gran Desierto volver a su hogar, pero su deber se lo impide. Cada día se levanta en un paraje desolador cuya paleta de colores sólo alberga el negro de las cenizas, la tierra rojiza y la luz amarillenta del sol. No sabe cuando acabará su travesía, ni cuan lejos está del otro extremo de esta tierra yerma y seca, pero sólo puede caminar.
No está sola, pero ni un khalasar de un millon de dothrakis podrían remplazar el vacío que siente por la ausencia de su Kahl Drogo. Los primeros días aun lo sentía tan cerca, que podía notar sus carícias. Pero con el paso de los días su recuerdo se desvanece, y su calor se difumina como su rostro en la memoria.
- Khaleesi, estáis bien?
- Tranquilo Ser Jorah, no me pasa nada.
Tras un gesto de preocupación, el enésimo, él se da media vuelta, y ella lo observa caminar de vuelta a su caballo. Se monta con la facilidad de un caballero, con la naturalidad de llevarlo en la sangre. Ella lo admira por su elegancia. A veces es demasiado paternalista, pero ella sabe que a veces es merecido pues se comporta como una cría. Quizás....
Sacude la cabeza como intentando ayudar a su mente a sacar esos pensamientos. En las últimas semanas le cuesta concentrarse. Nota el reveoloteo de sus dragones dentro de su cabeza, nota el aliento ardiente saliendo de sus bocas. El eterno dilema entre querer y poder, el deber y el honor heredados. El debate interno entre lo que le dijeron que tenía que ser, y lo que ella siente en sus entrañas. La lucha entre la razón y lo más profundo del corazón.
A veces le gustaría no ser así, pero es su naturaleza. Ella es una Targaryen, y aunque a muchos no les guste, heredera legítima del trono. Aunque a veces no sea ortodoxa, ni tenga la clase que se le presupone, ella es fuego, y a veces arde descontrolada. Es por eso que sus enemigos le temen, y hacen bien.
Ya no es una niña. Ya no está asustada. Tiene claro su destino y los pasos que tiene que dar para llegar allí.
Con un suave gesto, todo el grupo se pone en marcha. Todavía queda mucho por andar...
Una voz le hace salir de su ensueño, y Danaerys se gira para ver quién la llama. Últimamente se abstrae con demasiada frecuencia. Ella lo sabe, pero no puede hacer nada por evitarlo. Es demasiado difícil permanecer en la dura realidad.
A diario sueña con su castillo, que dejó atras en su tierra natal. Las altas torres que de niña le daban miedo, ahora no cesan de aparecer en su cabeza, como si pidieran su regreso de manera silenciosa. Ella sabe que debe volver para reclamar lo que es suyo, lo que por legítimo derecho le corresponde. Pero todavía no es el momento.
Mil veces ha deseado a lo largo de esta travesía por el Gran Desierto volver a su hogar, pero su deber se lo impide. Cada día se levanta en un paraje desolador cuya paleta de colores sólo alberga el negro de las cenizas, la tierra rojiza y la luz amarillenta del sol. No sabe cuando acabará su travesía, ni cuan lejos está del otro extremo de esta tierra yerma y seca, pero sólo puede caminar.
No está sola, pero ni un khalasar de un millon de dothrakis podrían remplazar el vacío que siente por la ausencia de su Kahl Drogo. Los primeros días aun lo sentía tan cerca, que podía notar sus carícias. Pero con el paso de los días su recuerdo se desvanece, y su calor se difumina como su rostro en la memoria.
- Khaleesi, estáis bien?
- Tranquilo Ser Jorah, no me pasa nada.
Tras un gesto de preocupación, el enésimo, él se da media vuelta, y ella lo observa caminar de vuelta a su caballo. Se monta con la facilidad de un caballero, con la naturalidad de llevarlo en la sangre. Ella lo admira por su elegancia. A veces es demasiado paternalista, pero ella sabe que a veces es merecido pues se comporta como una cría. Quizás....
Sacude la cabeza como intentando ayudar a su mente a sacar esos pensamientos. En las últimas semanas le cuesta concentrarse. Nota el reveoloteo de sus dragones dentro de su cabeza, nota el aliento ardiente saliendo de sus bocas. El eterno dilema entre querer y poder, el deber y el honor heredados. El debate interno entre lo que le dijeron que tenía que ser, y lo que ella siente en sus entrañas. La lucha entre la razón y lo más profundo del corazón.
A veces le gustaría no ser así, pero es su naturaleza. Ella es una Targaryen, y aunque a muchos no les guste, heredera legítima del trono. Aunque a veces no sea ortodoxa, ni tenga la clase que se le presupone, ella es fuego, y a veces arde descontrolada. Es por eso que sus enemigos le temen, y hacen bien.
Ya no es una niña. Ya no está asustada. Tiene claro su destino y los pasos que tiene que dar para llegar allí.
Con un suave gesto, todo el grupo se pone en marcha. Todavía queda mucho por andar...
3 de marzo de 2014
Transporte público
Los primeros meses que trabajé aquí en Alemania estuve yendo a la oficina en autobús. Coincidía con los días de menos luz del año, esos en los que entras de noche, y sales de noche. Poco a poco fui familiarizandome con los viajeros que subían en cada parada. Y pensaba. Pensaba durante los trayectos sobre qué hacía en este país, en las diferencias culturales, en la dificultad del idioma, en el estilo de vida tan distinto.
Y recordaba. También me venían a la memoria tiempos pasados que me acompañaban como fantasmas en el asiento de al lado. Pensaba en todo lo que dejaba atrás.
Hoy, leyendo este texto que escribí hace dos años, me doy cuenta de que jamás me arrepentiré de haber salido de aquel bucle; de aquella zona de doloroso confort. De haber dejado el metro y haber salido a la superficie. Igual de oscura, sí, pero con una promesa en el horizonte. Hoy estoy más contento que nunca de ir en bici a trabajar, pero ese tema lo dejamos para el siguiente post.
Estoy cansado. Muy cansado. De negarme cada día a reconocer que la tierra gira más deprisa que mis pasos. De seguir pensando que llego a todo y no llegar a nada. De despertarme cada mañana negándome una realidad y seguir viviendo una mentira que conozco de memoria.De seguir detrás de una zanahoria imaginaria. Del puto día de la marmota.
De perder las noches y malvivir los días. De olvidar llorar de alegría y ya no recordar como hacerlo; de pudrirseme por dentro el alma. De cerrar los ojos y escuchar una risa perdida;y alargar la mano para tocarla. De saber que ahora es otro su dueño, y rezar, rezar de rodillas a un dios en el que no creo, para que la sepa valorar en la justa medida en la que yo no supe hacerlo.
De mirar atrás y ver desaprovechadas tantas oportunidades por cagadas y miedos, por no atreverme a hacer algo que sabía. Y saber que debía hacerlo y no hacerlo. De conformarme con esperar en lugar de ir a buscarlo, de no aferrarme a algo, de colgarme de la nada.
De seguirme diciéndome a mi mismo que dentro de 4 meses las cosas habrán cambiado, de creer que todo cambiará mañana. Ya no me creo, perdí el crédito y el respeto hace ya varias paradas. Yo me bajo de este metro, que sólo conduce a una oscuridad más profunda en este tunel. Mierda de línea, ya ni si quiera recuerdo el número. Se me ha olvidado después de cogerla todas las mañanas. Ojalá pudiera volver a coger la misma que cogía cuando contigo me despertaba. Pero hace tanto tiempo de eso... y ahora no me queda nada. Ni tan si quiera el recuerdo, que se desvanece en mi cerebro, como jirones de niebla al amanecer.
Solo me queda el rostro de mis compañeros de viaje. Rostros distintos cada día, pero siempre los mismos. Y no me vale. Ya no me vale.
Y recordaba. También me venían a la memoria tiempos pasados que me acompañaban como fantasmas en el asiento de al lado. Pensaba en todo lo que dejaba atrás.
Hoy, leyendo este texto que escribí hace dos años, me doy cuenta de que jamás me arrepentiré de haber salido de aquel bucle; de aquella zona de doloroso confort. De haber dejado el metro y haber salido a la superficie. Igual de oscura, sí, pero con una promesa en el horizonte. Hoy estoy más contento que nunca de ir en bici a trabajar, pero ese tema lo dejamos para el siguiente post.
Estoy cansado. Muy cansado. De negarme cada día a reconocer que la tierra gira más deprisa que mis pasos. De seguir pensando que llego a todo y no llegar a nada. De despertarme cada mañana negándome una realidad y seguir viviendo una mentira que conozco de memoria.De seguir detrás de una zanahoria imaginaria. Del puto día de la marmota.
De perder las noches y malvivir los días. De olvidar llorar de alegría y ya no recordar como hacerlo; de pudrirseme por dentro el alma. De cerrar los ojos y escuchar una risa perdida;y alargar la mano para tocarla. De saber que ahora es otro su dueño, y rezar, rezar de rodillas a un dios en el que no creo, para que la sepa valorar en la justa medida en la que yo no supe hacerlo.
De mirar atrás y ver desaprovechadas tantas oportunidades por cagadas y miedos, por no atreverme a hacer algo que sabía. Y saber que debía hacerlo y no hacerlo. De conformarme con esperar en lugar de ir a buscarlo, de no aferrarme a algo, de colgarme de la nada.
De seguirme diciéndome a mi mismo que dentro de 4 meses las cosas habrán cambiado, de creer que todo cambiará mañana. Ya no me creo, perdí el crédito y el respeto hace ya varias paradas. Yo me bajo de este metro, que sólo conduce a una oscuridad más profunda en este tunel. Mierda de línea, ya ni si quiera recuerdo el número. Se me ha olvidado después de cogerla todas las mañanas. Ojalá pudiera volver a coger la misma que cogía cuando contigo me despertaba. Pero hace tanto tiempo de eso... y ahora no me queda nada. Ni tan si quiera el recuerdo, que se desvanece en mi cerebro, como jirones de niebla al amanecer.
Solo me queda el rostro de mis compañeros de viaje. Rostros distintos cada día, pero siempre los mismos. Y no me vale. Ya no me vale.
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