Justo antes de venir a Alemania hice una limpieza de cuarto interesante. Aparecieron auténticos tesoros y reliquias de mis vidas pasadas. Es lo que tiene vivir más de 15 años en el mismo cuarto.
De hecho, ni siquiera recuerdo cómo era el cuarto de mi primera casa. Guardo, para bien o para mal, pocos recuerdos de mi infancia. Pero cada centímetro de mi cuarto me pertenece tanto como cada pizca de piel, y muestra más de mí que lo que se pueda leer en mis ojos.
Cada libro es un momento, cada adorno un recuerdo, cada prenda de ropa una historia mil veces contada. Cada caja un baúl de los recuerdos de aquellas cosas que nunca he querido ni intentado olvidar. Palabras que me duelen por más que las lea mil y una veces. Fotografías que me hacen sonreír como un idiota. Éxitos y fracasos de mi vida hasta hoy.
Ese es mi cuarto, porque ese soy yo. Una sucesión inconexa de eventos e ideas, de experiencias y sentimientos. Y tanto como yo he ido cambiando, lo ha hecho mi cuarto conmigo. Algunas cosas han seguido invariables porque son los pocos símbolos que me hacen recordar cuando vivía con mi hermano. El resto han ido dando paso a otras nuevas, y se han ido extendiendo por la habitación hasta que prácticamente era mía por completo.
Pero entonces, al decidir dejar el nido, sentí la necesidad imperiosa de eliminar todo lo superfluo; vacíe el cuarto al igual que vacíe mi mente. Y he aprendido a vivir con lo que considero verdaderamente necesario y nada más. Sólo así soy capaz de valorar las cosas en su justa medida. Supongo que esta es mi nueva vida: saber lo que quiero y tenerlo al alcance, en lugar de no encontrarlo entre un universo de banalidades.
Creo que por fin estoy preparado para hacer limpieza de corazón...
12 de agosto de 2013
25 de julio de 2013
La compañía del trabajillo
Ha pasado ya casi un mes desde que aterrizamos en este país, y aprovechando que llegamos a la mitad del curso de alemán, he decidido hacer balance de lo que ha acontecido hasta ahora.
Pero para contar un poco las experiencias que estamos viviendo, me he dado cuenta de que debería hablaros un poco de mis compañeros de viaje: "La compañía del trabajillo".
Hoy os hablaré de Frodo López. Frodo es el portador del anillo. En realidad es el protagonista de la historia, los demás simplemente pasamos por aquí. Él es quién lleva de verdad la responsabilidad, el peso de la carga. Para él no son unas vacaciones, para él es una aventura en la que se ha sumergido porque no le quedaba otra.
Admiro profundamente su humildad. Es una de esas personas que no se sabe o no se quiere valorar en su justa medida. Pero ha tenido la suerte de que la vida le haya puesto alrededor a personas que le ayudan a mejorar ese aspecto. Quécoño, quizás no haya sido la suerte sino él mismo que se lo ha currado.
El destino le ha pegado fuerte, duro, y seguramente sin razón. El futuro tranquilo que vaticinaba se desvaneció en un parpadeo. A veces la vida tiene esas cosas. Un día llego a su casa de Hobbiton y le dijo: ale, aquí tienes el anillo; llevatelo a Mordor y búscate la vida.
Y él acepto la situación tranquilo, sabedor de que no le quedaba otra. Con la única guía de su Cholo. Si alguno le oyese hablar, pensaría que es otro forofo más. Pero si prestasen atención, se darían cuenta de que no es un fanático, sino que por fin ha encontrado a alguien que pone palabras a sus sentimientos, a sus emociones. A su estilo de vida.
Porque él solo entiende de luchar. De levantarse cada día y pelear por lo que quiere. De dar el 100%, de entregarse al máximo porque no encuentra sentido a hacerlo a medias. Si hemos venido a jugar, jugemos. Y a veces la vida se reconcilia con el karma y se ponen de acuerdo. Y al final del túnel hay luz. O luces. Y por fin Frodo respira tranquilo, consciente de que ha conseguido su objetivo, de que ha alcanzado el sueño por el que luchaba.
Y entonces vuelve a su hogar, que no es su ciudad sino su gente. Y mirando el horizonte, donde el cielo y el mar se reconcilían y se funden, siente la cabeza de su Frau apoyarse en su hombro. Y permite que una sonrisa asome en su rostro.
Pero para contar un poco las experiencias que estamos viviendo, me he dado cuenta de que debería hablaros un poco de mis compañeros de viaje: "La compañía del trabajillo".
Hoy os hablaré de Frodo López. Frodo es el portador del anillo. En realidad es el protagonista de la historia, los demás simplemente pasamos por aquí. Él es quién lleva de verdad la responsabilidad, el peso de la carga. Para él no son unas vacaciones, para él es una aventura en la que se ha sumergido porque no le quedaba otra.
Admiro profundamente su humildad. Es una de esas personas que no se sabe o no se quiere valorar en su justa medida. Pero ha tenido la suerte de que la vida le haya puesto alrededor a personas que le ayudan a mejorar ese aspecto. Quécoño, quizás no haya sido la suerte sino él mismo que se lo ha currado.
El destino le ha pegado fuerte, duro, y seguramente sin razón. El futuro tranquilo que vaticinaba se desvaneció en un parpadeo. A veces la vida tiene esas cosas. Un día llego a su casa de Hobbiton y le dijo: ale, aquí tienes el anillo; llevatelo a Mordor y búscate la vida.
Y él acepto la situación tranquilo, sabedor de que no le quedaba otra. Con la única guía de su Cholo. Si alguno le oyese hablar, pensaría que es otro forofo más. Pero si prestasen atención, se darían cuenta de que no es un fanático, sino que por fin ha encontrado a alguien que pone palabras a sus sentimientos, a sus emociones. A su estilo de vida.
Porque él solo entiende de luchar. De levantarse cada día y pelear por lo que quiere. De dar el 100%, de entregarse al máximo porque no encuentra sentido a hacerlo a medias. Si hemos venido a jugar, jugemos. Y a veces la vida se reconcilia con el karma y se ponen de acuerdo. Y al final del túnel hay luz. O luces. Y por fin Frodo respira tranquilo, consciente de que ha conseguido su objetivo, de que ha alcanzado el sueño por el que luchaba.
Y entonces vuelve a su hogar, que no es su ciudad sino su gente. Y mirando el horizonte, donde el cielo y el mar se reconcilían y se funden, siente la cabeza de su Frau apoyarse en su hombro. Y permite que una sonrisa asome en su rostro.
18 de julio de 2013
De miradas y misterios
Un añito más viejo vuelvo a poner un poco de orden en el blog. He estado rescatando algunos textos antiguos e intentaré compaginarlos con nuevos para publicar con más frecuencia.
Dicen que los ojos son el espejo del alma. Yo tan solo se que hay ojos que hielan, que hipnotizan, que aterrorizan, que enamoran. Lo sé porque los he visto. Y los he mirado, fija y detenidamente. Hasta adentrarme en ellos o sentirme atravesado. Como si fuera un pulso.
Son nuestro punto más sincero porque es el que menos controlamos. Manejamos las muecas con maestría: una falsa sonrisa, una risa condescendiente, un guiño pícaro, una subida de ceja, una sensual caída de pestañas. Pero aaaamigomiosolotuencuentrasleña, los ojos son otro mundo. Los ojos son una puerta a nuestra mente. Tal vez también a nuestra alma y corazón. Pero lo que es seguro es que de una manera instintiva, quizás primitiva, nos hacen comunicarnos con los demás.
Deja tan sólo por un instante de endulzarme los oídos con palabras bonitas, de sobrecargar mi piel con tus caricias; de caramelizar con tu lengua la mía y de ahogarme en el mar de tu aroma y tu perfume. Simplemente quiero que me mires a los ojos, y sabré entonces si de veras me amas.
El secreto de tus ojos se esconde a plena vista porque no basta con mirarlos. Hay que adentrarse en ellos y contemplar lo que los mueve. Deslizarse por el iris y sumergirse en tus pupilas, que me miran al mirarlas sin despeinarse las pestañas.
El secreto de tus ojos no es otro sino la llave de tu alma. Alma que conmueve al transcender a lo más profundo, a conocer lo que atesoras bajo la piel.
El secreto de tus ojos es cerrar los míos y seguir sintiendo como me clavas tu mirada. Que me deja paralizado a merced de un recuerdo. Ese es su secreto, que me miran sin ver y te sueño sin verte.
Y al despertarme me arremete tu mirada como el mar rompe contra las rocas. Como el trueno ensordece o el relámpago nos deslumbra en esta noche tormentosa.
El olor a lluvia trajo consigo la.constatación de que no somos nadie para la madre tierra. Y que esta noche sin tus ojos en la penumbra que me rodea no es nada
9 de julio de 2013
Cometas en el cielo
Curiosa la vida. A veces te sorprende cuando menos te lo esperas. Desde las cosas más nimias hasta aquellas que te cambian la vida. A veces vas en un vuelo hacia tu nueva vida, dejando atrás todo lo que has sido hasta ahora. Empezando de cero. Borrando incluso de tu mente el remanente, la memoria caché, las cookies y toda esa mierdadeordenadoresquenoentiendenadie.
Y de repente, te interrumpe una chica de la fila de atrás: - Perdona, tu eres Hermenegildo, verdad? - Nos conocemos? Y lo que parecía una simple chica se convierte de repente en una ola de recuerdos, de conocidos, de conexiones con lo que justo estabas tratando de dejar de lado. Como si el universo conspirase para que no dejes de ser quien eres. Para que no dejes atrás tu esencia. Porque lo que eres hoy, es todo lo que has vivido ayer; lo bueno y lo malo.
Y resulta que lo que tú pensabas sobre cómo te veían los demás no era cierto. Que uno es como es, pero sobre todo como le ven los demás. Aquello que decía Ortega y Gasset del yo y sus circunstancias. Y que la única manera que tienes de comprobar la teoría es el experimento. Y que hasta que no experimentamos, no deberíamos nunca considerar las teorías como ciertas.
Qué probabilidades hay de que dos cometas se crucen en el cielo? De que lo imposible pase a improbable, y de ahí a hecho en apenas un segundo? Qué más da. A veces es mucho mejor coger la tabla, pillar la ola y tan sólo dejarse llevar intentando que el bamboleo de la vida no nos tire al agua.
Y de repente, te interrumpe una chica de la fila de atrás: - Perdona, tu eres Hermenegildo, verdad? - Nos conocemos? Y lo que parecía una simple chica se convierte de repente en una ola de recuerdos, de conocidos, de conexiones con lo que justo estabas tratando de dejar de lado. Como si el universo conspirase para que no dejes de ser quien eres. Para que no dejes atrás tu esencia. Porque lo que eres hoy, es todo lo que has vivido ayer; lo bueno y lo malo.
Y resulta que lo que tú pensabas sobre cómo te veían los demás no era cierto. Que uno es como es, pero sobre todo como le ven los demás. Aquello que decía Ortega y Gasset del yo y sus circunstancias. Y que la única manera que tienes de comprobar la teoría es el experimento. Y que hasta que no experimentamos, no deberíamos nunca considerar las teorías como ciertas.
Qué probabilidades hay de que dos cometas se crucen en el cielo? De que lo imposible pase a improbable, y de ahí a hecho en apenas un segundo? Qué más da. A veces es mucho mejor coger la tabla, pillar la ola y tan sólo dejarse llevar intentando que el bamboleo de la vida no nos tire al agua.
24 de junio de 2013
De mariposas y tifones
"Suceso eventual que altera el orden regular de las cosas". Esa es la definición de accidente. Porque eso es lo que es un accidente: desorden, caos, cambio. Es el suceso que rompe la pauta, lo previsto. Lo que no podemos controlar.
Normalmente lo asociamos a desgracias, pero no tiene por que ser así. Un día te levantas 10 minutos tarde, y al montarte en el siguiente autobús al que sueles coger habitualmente, conoces a la mujer de tu vida. Así, por accidente.
Lo cierto es que estamos aquí por accidente. La tierra surgió por accidente, la vida surgió por accidente, y sí, que fuera ese y no cualquier otro espermatozoide el que fertilizase ese óvulo, también fue un accidente. De profilácticos perforados mejor ni hablo.
Renegamos del caos sin saber que es tan importante o más que el orden. Sin el uno no existiría el otro, y sin sorpresas la vida sería una mierda. Asumámoslo. A mi el traidor de matrix nunca me cayó mal: yo también habría estado hastalapolla de saber que todo era mentira, de comer la mierda esa de puré y de tener a Trinity todo el día delante y no poder tirársela.
Pero precisamente por ser caos, a veces trae cosas malas. Muy malas. Un camión que vuelca en una rotonda y sega la vida de un matrimonio que iba de vacaciones. A veces las sorpresas también son una mierda. Pero no seamos hipócritas y echemos la culpa a los accidentes cuando no las tienen.
Cuando nos gobiernan psicópatas (porque eso es lo que son, no incompetentes), no es por accidente. Cuando una zona conocida como inundable se inunda, no es casualidad. Cuando no has estudiado y suspendes, no es azar. Cuando la chica que te gusta no te hace caso pero no haces nada por cambiarlo, no es mala suerte.
La vida solo te da dos cartas, pone la ciega y abre juego. El resto de la mano, y de la partida, la tenemos que jugar nosotros.
Normalmente lo asociamos a desgracias, pero no tiene por que ser así. Un día te levantas 10 minutos tarde, y al montarte en el siguiente autobús al que sueles coger habitualmente, conoces a la mujer de tu vida. Así, por accidente.
Lo cierto es que estamos aquí por accidente. La tierra surgió por accidente, la vida surgió por accidente, y sí, que fuera ese y no cualquier otro espermatozoide el que fertilizase ese óvulo, también fue un accidente. De profilácticos perforados mejor ni hablo.
Renegamos del caos sin saber que es tan importante o más que el orden. Sin el uno no existiría el otro, y sin sorpresas la vida sería una mierda. Asumámoslo. A mi el traidor de matrix nunca me cayó mal: yo también habría estado hastalapolla de saber que todo era mentira, de comer la mierda esa de puré y de tener a Trinity todo el día delante y no poder tirársela.
Pero precisamente por ser caos, a veces trae cosas malas. Muy malas. Un camión que vuelca en una rotonda y sega la vida de un matrimonio que iba de vacaciones. A veces las sorpresas también son una mierda. Pero no seamos hipócritas y echemos la culpa a los accidentes cuando no las tienen.
Cuando nos gobiernan psicópatas (porque eso es lo que son, no incompetentes), no es por accidente. Cuando una zona conocida como inundable se inunda, no es casualidad. Cuando no has estudiado y suspendes, no es azar. Cuando la chica que te gusta no te hace caso pero no haces nada por cambiarlo, no es mala suerte.
La vida solo te da dos cartas, pone la ciega y abre juego. El resto de la mano, y de la partida, la tenemos que jugar nosotros.
15 de junio de 2013
Cuando las palabras son lo de menos
El entró en la estancia y todo se tornó borroso y difuso cuando centró su mirada en ella. Su presencia llenaba la habitación y no debaja espacio para nada más, ni siquiera para él. Notó que le faltaba el aire y el aura que ella desprendía le oprimía los pulmones. Ella, levantando la vista de sus papeles, reparó en él y clavó su mirada felina. Él se sintió atravesado por una katana afilada.
-"Señor López, siéntese."
Tras la invitación y, reuniendo el poco coraje que le quedaba él, se acercó con paso dubitativo a la silla. Se sentó y notó cómo las manos le empezaban a sudar. Nunca se había sentado enfrente de una mujer tan guapa. Y mucho menos una mujer tan guapa que le hubiese hecho algo de caso. Sintió que ella seguía escrutándolo con la mirada, como si quisiera saber todo de su vida.
-"Veo en su currículum que es usted licenciado en Ingenería."
El empezó a hablar con la lengua temblando, lo que le hizo tartamudear. Vaya comienzo. Los siguientes minutos transcurrieron tan lentos, que a él le pareció que el tiempo se había detenido. No podía apartar la vista de esos ojos; esos ojos que habían visto atacar naves en llamas más allá de Orión. El nudo de la corbata le traspasó la piel y se instaló en su garganta. Cada respuesta era un paso más hacia el abismo. Todos esos momentos se perderían en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Era hora de morir.
Y entonces lo vió claro. Había perdido la oportunidad de seducir a esa mujer en los tres primeros segundos. En lo que había tardado en atravesar el umbral de la puerta y sentarse. Y por fin se sintió libre.
-"Efectivamente, he tardado algo más de lo habitual en terminar la carrera. Y es cierto que mi expediente no es especialmente brillante. Pero lo que me gustaría saber es si su empresa busca expedientes o personas que sepan llevar a cabo tareas. Y créame cuando le digo que no va a haber una tarea en esta empresa que no vaya a ser capaz de realizar si la practico durante dos semanas."
Ella titubeó por un instante. Fue tan sólo una décima de segundo, pero todo su cuerpo se tensó y su expresión corporal la delató cuando se reclinó en su silla apenas un ápice. Un movimiento que habría pasado desapercibido a unos ojos poco atentos. Pero él estaba atento. Muy atento. Y por fin el miedo dejó de reflejarse en los ojos de ella para salirle de dentro del alma misma.
Y cuando los ojos de él le devolvieron cual espejo ese miedo, y ella se dió cuenta de que él lo había notado, el miedo se convirtió en pánico. Pero ella no era una mujer fácil. No era sólo fachada. Con un movimiento grácil de mano se hiló la melena, y un cambio de cruce de piernas cicatrizó la compostura herida.
Se miraron a los ojos, por fin de manera sincera. Él perfiló un esbozo de sonrisa. Ella sonrió por dentro de sus pupilas.
Y entonces comenzaron a conocerse de veras.
-"Señor López, siéntese."
Tras la invitación y, reuniendo el poco coraje que le quedaba él, se acercó con paso dubitativo a la silla. Se sentó y notó cómo las manos le empezaban a sudar. Nunca se había sentado enfrente de una mujer tan guapa. Y mucho menos una mujer tan guapa que le hubiese hecho algo de caso. Sintió que ella seguía escrutándolo con la mirada, como si quisiera saber todo de su vida.
-"Veo en su currículum que es usted licenciado en Ingenería."
El empezó a hablar con la lengua temblando, lo que le hizo tartamudear. Vaya comienzo. Los siguientes minutos transcurrieron tan lentos, que a él le pareció que el tiempo se había detenido. No podía apartar la vista de esos ojos; esos ojos que habían visto atacar naves en llamas más allá de Orión. El nudo de la corbata le traspasó la piel y se instaló en su garganta. Cada respuesta era un paso más hacia el abismo. Todos esos momentos se perderían en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Era hora de morir.
Y entonces lo vió claro. Había perdido la oportunidad de seducir a esa mujer en los tres primeros segundos. En lo que había tardado en atravesar el umbral de la puerta y sentarse. Y por fin se sintió libre.
-"Efectivamente, he tardado algo más de lo habitual en terminar la carrera. Y es cierto que mi expediente no es especialmente brillante. Pero lo que me gustaría saber es si su empresa busca expedientes o personas que sepan llevar a cabo tareas. Y créame cuando le digo que no va a haber una tarea en esta empresa que no vaya a ser capaz de realizar si la practico durante dos semanas."
Ella titubeó por un instante. Fue tan sólo una décima de segundo, pero todo su cuerpo se tensó y su expresión corporal la delató cuando se reclinó en su silla apenas un ápice. Un movimiento que habría pasado desapercibido a unos ojos poco atentos. Pero él estaba atento. Muy atento. Y por fin el miedo dejó de reflejarse en los ojos de ella para salirle de dentro del alma misma.
Y cuando los ojos de él le devolvieron cual espejo ese miedo, y ella se dió cuenta de que él lo había notado, el miedo se convirtió en pánico. Pero ella no era una mujer fácil. No era sólo fachada. Con un movimiento grácil de mano se hiló la melena, y un cambio de cruce de piernas cicatrizó la compostura herida.
Se miraron a los ojos, por fin de manera sincera. Él perfiló un esbozo de sonrisa. Ella sonrió por dentro de sus pupilas.
Y entonces comenzaron a conocerse de veras.
5 de junio de 2013
De noches en blanco
Los franceses llaman nuit blanche a pasar la noche despierto. Ahora se utiliza para el concepto fiestero, pero imagino que el sentido original era pasar la noche en vela.
Para mí es lo que me pasa estos días. Me siento enfrente del ordenador y no se me ocurre nada que escribir (o al menos nada apropiado para el horario infantil). O me quedo tumbado en la cama mirando al techo, los ojos alechuzados. No son pensamientos tormentosos, ni el dolor emocional martilleando ecos de una vida pasada. Simplemente es la nada, la espera.
Es curiosa la vida; cómo a veces te oprime desde dentro, impeliendote a sacar fuera cosas que deseas dejar como están, a buen resguardo. Y justo después te sientes vacío. Como si descorchases una botella de champán.
Dicen que la vida es un tren, y que hay que cogerlo. Nunca me ha gustado esa metáfora. Un tren es lógico, constante, premeditado, con una trayectoria definida. Sin sorpresas. La vida es caos: un delicioso tormento de sucesiones inconexas. Es más como surfear.
Cuando la ola viene con fuerza, con empuje, hay que saber dominarla y mantener el equilibrio mientras nos desplaza. Pero una vez que ha pasado, es momento de remar tumbado sobre la tabla, disfrutando el sabor reciente de la adrenalina y del trabajo bien hecho, pero con la vista puesta en la siguiente ola.
Imagino que la clave está en eso. En ser capaz de remar y disfrutar a la vez. De sacarle el máximo provecho a los momentos intensos, pero también a los remansos de paz.
No sé, quizás sean reflexiones vacías, banales. Pero qué esperabais, si hoy es noche blanca...
Para mí es lo que me pasa estos días. Me siento enfrente del ordenador y no se me ocurre nada que escribir (o al menos nada apropiado para el horario infantil). O me quedo tumbado en la cama mirando al techo, los ojos alechuzados. No son pensamientos tormentosos, ni el dolor emocional martilleando ecos de una vida pasada. Simplemente es la nada, la espera.
Es curiosa la vida; cómo a veces te oprime desde dentro, impeliendote a sacar fuera cosas que deseas dejar como están, a buen resguardo. Y justo después te sientes vacío. Como si descorchases una botella de champán.
Dicen que la vida es un tren, y que hay que cogerlo. Nunca me ha gustado esa metáfora. Un tren es lógico, constante, premeditado, con una trayectoria definida. Sin sorpresas. La vida es caos: un delicioso tormento de sucesiones inconexas. Es más como surfear.
Cuando la ola viene con fuerza, con empuje, hay que saber dominarla y mantener el equilibrio mientras nos desplaza. Pero una vez que ha pasado, es momento de remar tumbado sobre la tabla, disfrutando el sabor reciente de la adrenalina y del trabajo bien hecho, pero con la vista puesta en la siguiente ola.
Imagino que la clave está en eso. En ser capaz de remar y disfrutar a la vez. De sacarle el máximo provecho a los momentos intensos, pero también a los remansos de paz.
No sé, quizás sean reflexiones vacías, banales. Pero qué esperabais, si hoy es noche blanca...
31 de mayo de 2013
Wozu sind wir hier, auf dieser Welt
Hoy me ha tocado hacer una redacción en alemán y el tema era "Para qué estamos aquí, en este mundo". Ya que estaba, en vez de poner cuatro frases por poner, me lo he currado un poco. Y como me ha convencido el resultado, os lo dejo por aquí. En castellano, claro.
"Dios, el Big Bang... son todas explicaciones para un hecho inexplicable.
Somos insignificantes hormigas en un mar de estrellas. Para qué estamos aquí sigue siendo un misterio. Cada uno tiene que encontrar su propio camino en este mundo sin sentido.
Pero en mi humilde opinión, deberíamos dedicarnos a vivir la vida en lugar de buscarle una explicación. Saborear, escuchar, tocar, sentir y amar tan fuerte como podamos, porque no tendremos una segunda oportunidad. Quizás en la muerte hallemos la respuesta, pero no tengo ninguna prisa por llegar a ese punto.
Tan solo deberíamos pensar que muchos miles de estrellas y planetas fueron sacrificados para dar lugar a los átomos que conforman nuestro cuerpo. Pensar que millones de años han sido necesarios para llegar a este punto. Aquí. Ahora.
Olvidemos las naciones y las banderas. Las religiones y los credos. Dejemos de fingir que otros humanos son el enemigo; que no somos iguales. Porque sabemos de sobra que sí lo somos.
Seamos simplemente humanos por primera vez en 10.000 años. Seamos lo que deberíamos haber sido desde un principio.
Somos el resultado perfecto de una broma del destino. De una carambola del universo. Seamos al menos educados y devolvámosle el favor."
"Dios, el Big Bang... son todas explicaciones para un hecho inexplicable.
Somos insignificantes hormigas en un mar de estrellas. Para qué estamos aquí sigue siendo un misterio. Cada uno tiene que encontrar su propio camino en este mundo sin sentido.
Pero en mi humilde opinión, deberíamos dedicarnos a vivir la vida en lugar de buscarle una explicación. Saborear, escuchar, tocar, sentir y amar tan fuerte como podamos, porque no tendremos una segunda oportunidad. Quizás en la muerte hallemos la respuesta, pero no tengo ninguna prisa por llegar a ese punto.
Tan solo deberíamos pensar que muchos miles de estrellas y planetas fueron sacrificados para dar lugar a los átomos que conforman nuestro cuerpo. Pensar que millones de años han sido necesarios para llegar a este punto. Aquí. Ahora.
Olvidemos las naciones y las banderas. Las religiones y los credos. Dejemos de fingir que otros humanos son el enemigo; que no somos iguales. Porque sabemos de sobra que sí lo somos.
Seamos simplemente humanos por primera vez en 10.000 años. Seamos lo que deberíamos haber sido desde un principio.
Somos el resultado perfecto de una broma del destino. De una carambola del universo. Seamos al menos educados y devolvámosle el favor."
29 de mayo de 2013
De sujetadores y otros instrumentos de opresión
Comentaba el otro día con los compañeros una teoría bastante conocida sobre el juego de la seducción. Partiendo del axioma de que es la mujer la que controla el juego (discrepad si queréis, pero también había quien decía que la tierra era plana...), dice algo así como:
"Si cuando te acuestas con una tía lleva la ropa interior conjuntada, entonces te ha ligado ella a ti"
Se aplica a relaciones heterosexuales, pero imagino que sería extrapolable a las demás en mayor o menor medida. Alla cada uno con sus cadaunadas.
Lo interesante de la cuestión es que da a la mujer el verdadero papel que desempeña en esa obra teatral que es el cortejo: la puesta en escena, el vestuario (colonias incluidas), el guión establecido y el toma y daca de las improvisaciones. O más bien debería decir devuelve.
Hay quien lo llama guerra de sexos. Para mi es un baile, una partida de ajedrez. Lo importante no es ganar. Nadie quiere ganar a un rival fácil. El que le mole ese rollo que vaya al #castingdegandiashore7. Lo que se busca es un rival que te haga sudar, que te haga dar lo mejor de ti. Y así, aunque pierdas hoy la partida, seguro que te dan una oportunidad de jugar la revancha. Y si no siempre te quedará aprender de tus errores.
Dicen que bailar es la manifestación vertical de un deseo horizontal. Pero el deseo empieza con la primera mirada, con la primera mordida de labio y, sobre todo, con las primeras palabras. Con ese intercambio de golpes verbales con el rival. Por eso a mi me gustan desconjuntadas. Porque la lucha está equilibrada, porque es más interesante. Porque en un tugurio oscuro los gatos son pardos y la inteligencia se diluye entre el estruendo. Porque hay que buscarla y, como decían en Martin Hache, hay que follarse a las mentes:
"Si cuando te acuestas con una tía lleva la ropa interior conjuntada, entonces te ha ligado ella a ti"
Se aplica a relaciones heterosexuales, pero imagino que sería extrapolable a las demás en mayor o menor medida. Alla cada uno con sus cadaunadas.
Lo interesante de la cuestión es que da a la mujer el verdadero papel que desempeña en esa obra teatral que es el cortejo: la puesta en escena, el vestuario (colonias incluidas), el guión establecido y el toma y daca de las improvisaciones. O más bien debería decir devuelve.
Hay quien lo llama guerra de sexos. Para mi es un baile, una partida de ajedrez. Lo importante no es ganar. Nadie quiere ganar a un rival fácil. El que le mole ese rollo que vaya al #castingdegandiashore7. Lo que se busca es un rival que te haga sudar, que te haga dar lo mejor de ti. Y así, aunque pierdas hoy la partida, seguro que te dan una oportunidad de jugar la revancha. Y si no siempre te quedará aprender de tus errores.
Dicen que bailar es la manifestación vertical de un deseo horizontal. Pero el deseo empieza con la primera mirada, con la primera mordida de labio y, sobre todo, con las primeras palabras. Con ese intercambio de golpes verbales con el rival. Por eso a mi me gustan desconjuntadas. Porque la lucha está equilibrada, porque es más interesante. Porque en un tugurio oscuro los gatos son pardos y la inteligencia se diluye entre el estruendo. Porque hay que buscarla y, como decían en Martin Hache, hay que follarse a las mentes:
28 de mayo de 2013
Paraguas de lunares
Hablaba el otro día de lluvia. Y casi de la mano de la lluvia, van los paraguas. Ese gran enemigo. No tengo nada en contra de la herramienta en sí, me parece útil y con tintes estéticos. Puede darle colorido o sobriedad a la vestimenta, poner un toque divertido, quizás hasta alegrarte el día.
Pero no son los paraguas los que me causan animadversión. Son los que lo empuñan. Sin darse cuenta de que en sus manos portan herramientas de destrucción. Tengo la suerte o la desgracia de medir 1.86m o lo que es lo mismo, lo justo para que los extremos de las varillas del paraguas medio me quede a la altura del ojo. Así que los días que llueve (que como bien sabéis, en Pamplona son pocos), me toca esquivar una maraña de afiladas garras que intentan arrancarme los ojos.
Y me parece curioso porque refleja fielmente en lo que se está convirtiendo la sociedad. Yo me protejo bajo mi paraguas y melapicaelresto. No me preocupo de si molesto a alguien, voy a lo mío y punto. Quizás la sociedad no se esté convirtiendo en eso, sino que viniese así de serie.
Hace un par de semanas estuve a punto de empezar a escribir el blog porque entré en el supermercado cuando quedaban 3 minutos para cerrar, y la cajera me dijo que ya estaba cerrado y que no podía pasar. Si me hubiese puesto cabezón, seguramente habría podido entrar y coger la pizza congelada que tenía pensado cenar. Pero no es ese el mundo que quiero. No quiero un mundo en el que estemos constantemente midiendolapollaaverquienlatienemásgorda. En el que reine el más fuerte.
El utópico mundo de la piruleta que tengo en mente es ese en el que cuando entre en el super la cajera me diga amablemente que está cerrando, y yo le diga sinceramente y de corazón que "es sólo un segundo". Y ella me mire comprensiva y empática, y me diga: "venga, pero dese prisa". Un mundo civilizado joder. Y la culpa de alejarnos de ese mundo es nuestra. Por comprar en esos supermercados impersonales, que para poner los precios bajos que exigimos se ven obligados a pagar una mierda al personal de cajas por un trabajo mecánico carente de humanidad. Por relegar al tendero de toda la vida, que te conocía y te llamaba por tu nombre, a un segundo plano y al olvido. Al borde de la extinción.
Escribía Pérez-Reverte sobre esto hace tiempo. Y cuando me pasó lo del supermercado a punto estuve de empezar el blog esa noche. Pero en ese momento tampoco tenía nada que añadir, y como decía aquel, si lo que vas a decir no es mejor que el silencio... calla.
La diferencia es que hoy he visto a una chica con un paraguas transparente. Puede parecer una tontería, pero era una gran diferencia. No se aislaba del exterior, tan sólo se protegía para no mojarse. Pero podía seguir atenta lo que seguía pasando a su alrededor. Y quizás yo, a diferencia de Pérez-Reverte, todavía no peino canas suficientes para verlo todo negro. Puede que todavía me quede una pizca de ingenuidad infantil que me deje seguir viendo las cosas buenas de este mundo. A través de mi paraguas transparente.
Pero no son los paraguas los que me causan animadversión. Son los que lo empuñan. Sin darse cuenta de que en sus manos portan herramientas de destrucción. Tengo la suerte o la desgracia de medir 1.86m o lo que es lo mismo, lo justo para que los extremos de las varillas del paraguas medio me quede a la altura del ojo. Así que los días que llueve (que como bien sabéis, en Pamplona son pocos), me toca esquivar una maraña de afiladas garras que intentan arrancarme los ojos.
Y me parece curioso porque refleja fielmente en lo que se está convirtiendo la sociedad. Yo me protejo bajo mi paraguas y melapicaelresto. No me preocupo de si molesto a alguien, voy a lo mío y punto. Quizás la sociedad no se esté convirtiendo en eso, sino que viniese así de serie.
Hace un par de semanas estuve a punto de empezar a escribir el blog porque entré en el supermercado cuando quedaban 3 minutos para cerrar, y la cajera me dijo que ya estaba cerrado y que no podía pasar. Si me hubiese puesto cabezón, seguramente habría podido entrar y coger la pizza congelada que tenía pensado cenar. Pero no es ese el mundo que quiero. No quiero un mundo en el que estemos constantemente midiendolapollaaverquienlatienemásgorda. En el que reine el más fuerte.
El utópico mundo de la piruleta que tengo en mente es ese en el que cuando entre en el super la cajera me diga amablemente que está cerrando, y yo le diga sinceramente y de corazón que "es sólo un segundo". Y ella me mire comprensiva y empática, y me diga: "venga, pero dese prisa". Un mundo civilizado joder. Y la culpa de alejarnos de ese mundo es nuestra. Por comprar en esos supermercados impersonales, que para poner los precios bajos que exigimos se ven obligados a pagar una mierda al personal de cajas por un trabajo mecánico carente de humanidad. Por relegar al tendero de toda la vida, que te conocía y te llamaba por tu nombre, a un segundo plano y al olvido. Al borde de la extinción.
Escribía Pérez-Reverte sobre esto hace tiempo. Y cuando me pasó lo del supermercado a punto estuve de empezar el blog esa noche. Pero en ese momento tampoco tenía nada que añadir, y como decía aquel, si lo que vas a decir no es mejor que el silencio... calla.
La diferencia es que hoy he visto a una chica con un paraguas transparente. Puede parecer una tontería, pero era una gran diferencia. No se aislaba del exterior, tan sólo se protegía para no mojarse. Pero podía seguir atenta lo que seguía pasando a su alrededor. Y quizás yo, a diferencia de Pérez-Reverte, todavía no peino canas suficientes para verlo todo negro. Puede que todavía me quede una pizca de ingenuidad infantil que me deje seguir viendo las cosas buenas de este mundo. A través de mi paraguas transparente.
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